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Meditación  

 



EL AMOR, REY DE TODAS LAS VIRTUDES

 

 

Cuando san Antonio de Padua era todavía un niño, una mañana muy fría, oyó que alguien llamaba a la puerta:

 

 

 

Se apresuró a abrir y vio a un niño más o menos de su edad que llevaba un saco al hombro.

 

Antonio le preguntó: –¿Qué quieres? –Una limosna. –¿Quieres pan? –No. Voy por el mundo buscando otra cosa, y añadió:
–Busco corazones. –¿Quién eres? –Soy Jesús ¿Quieres darme tu corazón Antonio? –¡Oh, sí!

 

El niño desapareció, y Antonio entendió que lo que Dios quiere de nosotros, más que todo es nuestro amor.

 

Aunque no solamente es infructuoso y vano sino que «todo lo que no sea amor a Dios, es para el hombre sufrimiento»

(...)

 

«Es que la razón de ser de la persona es el amor a Dios»

 

A la vez es también el ALMA y PERFECCIÓN de todas y cada una de las virtudes. F.L.G.

 

Pues así como un cuerpo sin alma es verdadero cuerpo mas no tiene vida, así las virtudes sin practicarlas por amor a Dios, de alguna manera, aunque sean hábitos buenos, no tienen vida ni valor, ni mérito ante Dios.

(...)

Ya que, así como ningún hombre está obligado a tener en cuenta lo que no se hace por él, así Dios no tiene que agradecer ninguna obra, por excelente que sea, cuando no se hace por su amor de alguna manera.(...)

 

Porque si uno ayunare, y diese limosna y fuese casto, justo y sufrido, y descartase a Dios en todo momento como lo hicieron filósofos gentiles, ¿qué tendría Dios que ver con ello, si no lo hiciese de alguna manera por Dios?

(...)

 

Así comprendemos que «si para Dios el tiempo no existe, para el hombre es muy valioso, porque se nos ha dado para amar a Dios, con palabras, obras y con la mente» V.A.

 

Pero es más: no sólo las obras virtuosas, hechas con amor son aceptadas delante de Dios sino aun las que son naturales y necesarias para sustentación de la vida hechas por amor a Él...

(...)

 

Sin embargo, sin el amor a Dios, el oro de las virtudes se hace escoria y la escoria de cualquier acto hecho por amor a Dios, por bajo que sea, se hace oro fino por esta virtud.

(...)

 

Por lo cual dijo san Agustín: «Ama y haz lo que quieras»: si callas, calla por amor, y si perdonas, perdona por amor, y si castigas, castiga por amor;

 

¿Pues qué cosa puede ser más divina que la que hace que las obras indiferentes sean divinas?

 

Antes decíamos que el amor es oro; ahora afirmamos que de tal manera es oro, que todo lo que toca lo transforma en oro de felicidad eterna.

 

Ya que, además de ser vida de todas las virtudes, es también estímulo y despertador de todas ellas, porque el amor las revitaliza para que ejerza su propia función.

 

El amor a Dios tiene otra cualidad que consiste en dar o poner el amor que se merece a cada cosa y discernir de cuáles tiene que apartarse.

 

Además, como dice san Agustín el amor en las adversidades es paciente;

en las prosperidades, templado;

en las buenas obras, ágil;

en las tentaciones, seguro;

en la hospitalidad, amable;

entre los verdaderos hermanos, alegre y entre los falsos sufrido.

 

En las injurias, sereno; en la ira, manso.

 

Ante la verdad, inquieto; en los males ajenos triste y en las virtudes, alegre.

 

Pero, especialmente, el amor presta a todas las demás virtudes aquella fuerza que las hace a todas perfectas según su modo de ser y actuar. F.L.G.

 

La razón de esto es porque en todos los quehaceres, tanto hay de fortaleza y perfección cuanto hay de amor. F.L.G.

 

Incluso la fortaleza del amor vence a la misma muerte, porque aunque al verdadero amador de Dios pueda matársele el cuerpo, nunca jamás será vencido. (...)

 

En cuanto a la felicidad que proporciona el amor a Dios, asegura santo Tomás lo siguiente:

 

La alegría que se recibe al conseguir un bien, es proporcional a la grandeza del mismo bien conseguido.

Siendo pues Dios el bien universal y supremo, en quien se hallan todos los bienes, la alegría que se recibe al amarle a Él es mayor que todos los bienes del mundo juntos (San Juan de la Cruz).

 

Después de estas reflexiones sobre el amor, no nos extraña que Jesucristo nos haya dicho el secreto de nuestra felicidad en esta vida y en la eterna:

 

Amarás a Dios con todo tu corazón, que significa que todos nuestros deseos comiencen y acaben amando a Dios.

 

Amarás a Dios con toda tu mente, que significa que lo que más hagamos con el pensamiento es amar a Dios.

 

Amarás a Dios con todas tus fuerzas, que significa que todo lo que hagamos con nuestras manos, con nuestros ojos, nuestra lengua y nuestros pies lo realicemos por amor a Dios.

 

 

 



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